El sábado 2 de noviembre llegué al hospital por emergencia y después de 2 días ahí, y sin que mi opinión contara para nada, me hospitalizaron en psiquiatría, no quería estar ahí, pero no tenía fuerzas para hacer algo al respecto, no quería fingir, no quería pensar, solo quería dormir.
Lunes, ingresé casí a las 5PM, a la hora de la cena, aún tenía dificultades para moverme, pero mi vista ya estaba estable, me quitaron la sonda para orinar, me dejaron con pañal ¡Jah! Como si yo fuera a hacer pis en un pañal. Me quedé mirando el vacío, intentaba situar todo en un escenario de "Grey's Anatomy", no era tan emocionante, pero al menos podia entender algo mejor la jerarquía, fue un residente el que ordenó mi hospitalización, el psiquiatra churro traidor (Guillermo). Seguía somnolienta, así que esa noche se me pasó de largo sin sentirla.
Martes, a las 5AM prenden las luces, a las 6AM nos toman la temperatura, a las 7AM traen el desayuno y luego empiezan las visitas médicas. Desperté y noté que tenía una compañerita nueva en psiquiatría. Dana, en la cama 44, intento de suicidio, escuché que se tomó 2 blister no sé de qué, en mi mente pensé "¿20 pastillas? Novata". Dana no tenía una mano, era joven, se veía como una niña, tan tierna y frágil, siempre decía todo con una sonrisa, de no saberlo yo jamás pensaría que quisiera acabar con su vida. Aparte de Dana, habían dos chicas más en psiquiatría, cama 43 y 46, también un venezolano en la cama 47, era muy inquieto, se acercaba a las camas a jugar ludo, se fue ese día por la tarde, nunca jugamos ludo.
Guillermo, el pisiquiatra, se acercó a hacerme más preguntas, en ese momento aún me agradaba hablar con él, era mejor que hacer nada, también, por alguna razón, necesitaba desahogarme, aunque eso significara que me quedará más tiempo (¡Psiquiatra churro traidor!). Mi mamá llegó tarde a la visita, más de las 3PM, la visita es a las 2PM, yo necesitaba ducharme, a punto estuve de meterme sola, pero en la mañana fue toda una lucha llegar al baño, me levanté, caminé, tambaleaba, nada más el camino de mi cama hasta la puerta me parecía infinito, una técnica de enfermería me acompañó hasta el bañó, luego me di cuenta que no fue amabilidad, me tenían vigilada, como si pudiera matarme ahogándome en la taza del váter. En psiquiatria no te dejan tener celular, (y una infinidad de cosas más), no tenía nada para leer, nada por hacer, solo estaba con mis pensamientos, y mis pensamientos eran sobre Jared, eso y que la próxima vez me lanzaré de un puente.
Miércoles, la cama 43 y 46 salieron de alta, ya solo quedábamos Dana y yo en psiquiatría. El ala tenía 10 camas, las camas que no eran ocupadas por pacientes de psiquiatría las llenaban con pacientes de medicina, también habían dos casos de abandono (49 y 50). Llegó a la cama 47 un paciente con cáncer terminal, era relativamente joven, 41 años, le pusieron una sonda para alimentación, se la quitó, el respirador también se lo quería quitar, era triste escuchar sus lamentos.
Faltaban 10 minutos para que acabaran las visitas, y mi mamá llegó con Daniela, estaba muy aburrida, así que era frustrante que no llegaran. Mi ansiedad aumentó cuando mi mamá me dijo que no le dejaron darme ni mi libro, ni mi diario, me sentía tan enojada y no podía explotar, el libro fresa que me trajo mi mamá yo lo quería romper. En casa simplemente golpearía almohadas, aquí no podía hacer nada, se me hizo muy difícil dormir, pero cuando lo hice caí rendida.
Jueves, el paciente de la cama 47 falleció a la 1:30AM; la vida es muy extraña, anoche ese señor conversaba con el paciente de al lado, hoy no está más, su cuerpo no es más que un objeto, sin vida, sin alma. Yo me enteré de todo esto al despertar, su cama vacía, enfermeras entristecidas.
Mi mamá se coló luego de recibir el informe médico, me trajo un libro de pupiletras, dijo que volvería a la hora de visita, le dije que no era necesario, me dijo que si le alcanzaba tiempo vendría, no vino, me sentí sola.
El psiquiatra dejó indicado que me quitaran la vía, ya no estaba recibiendo cloruro o algún medicamento, por lo tanto era inútil, solo se me estaba haciendo un moretón en el brazo, insistí para que me la quitarán y no lo hacían, llegó el cambio de turno y nunca me quitaron la puta vía, entonces realizé mi acto de rebeldía y me la quité yo misma, quise dejar mi vía con mi sangre ahí a la vista como una gran obra, un trofeo, pero tenía que ser prudente, así que solo la boté a la basura, nadie nunca se enteró de mi hazaña.
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