Hay algo de ese lugar que siempre me traerá buenos recuerdos, hay algo que siempre me hará volver.
Ayer fue reunión de amigas, no fue planeado con demasiada anticipación, simplemente se dio.
El lugar elegido fue el Parque Kennedy en Miraflores, primero llegue yo (yo, aún no he escrito mucho sobre mi, tal vez tendría que haberlo hecho apenas empece este diario virtual) y después llegó Lizeth, (prima, amiga, hermana... ya lo sabe, y tantas otras palabras que no existen y tendremos que inventar) mientras esperábamos a Joselyn (amiga muy loca y a la vez demasiado normal, creo que nos hicimos amigas en 1 segundo, eso la hace especial... eso no suele pasar) nos dio tiempo de hablar algunas cosas que me faltaba soltar, a veces solo hablar es una liberación; caminamos por ahí y luego por alguna razón el encuentro de las tres juntas después de un año (y un poco más) se dio en el baño, me recordó a esos tiempos cuando llegábamos a los conciertos y lo primero que hacíamos era ir al baño, a veces solo para mojarnos el cabello, refrescarnos o descansar, era como un ritual... Pensándolo bien, no había lugar mejor para el reencuentro, nunca hemos sido escandalosas en ese sentido, es como si nos hubiéramos visto la semana pasada.
Por sugerencia de Lizeth (o tal vez de su estomago) fuimos por nuestro Pinkberry de una vez, el mejor helado del mundo junto a la mejor compañía ¿Se podía pedir más? Bueno, la tarde apenas comenzaba...
Joselyn nos dijo para ir a la playa y ahí fuimos, o ese era el plan, pero terminamos en una banca cerca al mar hablando de muchas cosas, nos dimos cuenta que Lizeth y yo somos lo normalmente anormal y Joselyn tan normal que es anormal.
Habían unos chicos que querían sacar plan, estaban guapos, causaba gracia ver como no se decidían a hablarnos, uno hasta estuvo parado frente a nosotras por 1 minuto, cuando parecía que se habían decidido, la simple mención de Joselyn sobre la visita a un psiquiatra los hizo huir, comentario inoportuno pero divertido.
Fuimos hacia el faro, hicimos ejercicios en las maquinas que habían ahí, somos un desastre la verdad, no creo que ninguna de las tres haya sido muy buena en educación física; después se nos ocurrió hacer yoga, sí, en un lugar público y con algunas personas pasando, fue divertido comprobar que puedo llevar mi cabeza hasta mis rodillas y ellas no (lero, lero).
Ya era de noche, la tarde fue excelente... era hora de volver, la caminata de regreso no fue aburrida, no podía serlo, hablamos mucho, muchas risas, mucho desahogo.
Lizeth tomó su carro, Jose y yo nos fuimos juntas, nos despedimos y volví a casa, tenía una energía única que solo una tarde así te puede dar, la perfección es difícil de encontrar pero el 13 de febrero del 2014 fue perfecto.
Foto: Lizeth Juarez.

